COLLAGE FOTOGRÁFICO

CRÓNICA DE UNA NOCHE DE VERANO





Nocturna (Boiro) 09/08/2014.

Antes das oito, estábamos o lado da gasolineira acordada. O guía xa ía de camiño, a guía esperábanos nun flamante mini. Unha parella estaba facendo tempo paseando por Boiro.

A hora acordada, imos en dirección a parella paseante, pero cando nos quixemos dar conta estábamos no monte intimidados por un banco de néboa. Nos esquecemos dos paseantes.

Dado que as condicións non eran idóneas, se decide partir os guías pola metade. Unha sairía o encontro dos que faltaban e o outro nos levaría o lugar de saída alternativo: Aparcamentos da rúa nº 14, como os americanos, xusto no Paseo Marítimo da Praia de Barraña.

Corría viruxe, polo que tivemos que abrigarnos antes de saír, roupa que fomos quitando os poucos metros andados. Saímos cruzando a mesma praia onde había xente aproveitando o vento para practicar Windsurf.

Conseguimos saír con media hora de retraso. O primeiro que nos mostraron era o que coñecían como “Tanque de tormentas”. Nos ilustra o guía que: Un tanque de tormentas é unha infraestrutura do sumidoiro consistente nun depósito dedicado a capturar e reter a auga de choiva, sobre todo cando hai precipitacións moi intensas, para diminuír a posibilidade de inundacións nos casos en que a capacidade de escurrido da auga é menor que o volume da choiva. Ademais fai función de depuradora.

Lembrábase él que antes, neste lugar, había un serradoiro no que utilizaban un sistema transportador con poleas de cinco eixes que lle chamaban policuerdas. Seguimos pola praia ata o final. Atravesamos a Rúa Xeral de Cabo de Cruz Pesqueira para pasar polo Monte Jurita, e desde alí contemplar as vistas da ría. Algúns tamén fartaron de moras que xa despintaban. Dicían que teñen antioxidante.

Chegamos a un camiño que servía de almacén de cascallos de algún desalmado, estaba cheo de restos de obra. Neste mesmo camiño tamén atopamos algo insólito: unha planta do camiño que ten varios nomes segundo quen a vexa: Alquejenje, fisalis ou Physalis.

Fisalis, é unha planta herbácea, arbustiva, anual de ramos angulosos e verdes e pode variar de sesenta centímetros a dous metros de altura. Nativa das rexións cálidas e subtropicais (non entendo que fai aquí). As follas son grandes, delicadas, triangulares e con bordes recortados. Son hermafroditas (ten os dous sexos na mesma flor), pequenas, brancas a amareladas. A froita madura é redondeada, entre amarelada e alaranxada e pequena, similar en tamaño, forma e estrutura a un tomate cherry, brillante, suculenta, de sabor doce, levemente ácida. O cultivo, orixinario de América do Sur, se remonta o período dos Incas no Perú. Coñéceno co nome de "aguaymanto" e "capulí", en Ecuador como "uvilla", en México “coztomate” ...

Non debe ser velenosa, comín dous e aínda estou aquí.

Este camiño remataba na rúa Fonte do Mouro. Por alí seguimos todos menos dous que foron a por auga. Chegamos a Chazo, en Abanqueiro. A lúa chea empezaba a abrirse paso entre as nubes e a noite comezaba a sentirse.

De camiño a praia de Carragueiros, saiu dun campo de millo un ruidoso bicho. O propio bicho, que resultou ser un gracioso congostreño, foi o que se asustou cando viña detrás o dono do campo preguntando que pasaba alí.

Seguimos o longo da praia pero esta vez polo paseo de madeira. Había unha fábrica de ameixas de mar. A partir das dez xa facía falla luz artificial. A luz da lúa axudaba pouco.

Agora de noite, intentamos ver o lugar onde naufragou o Cabo Razo no ano 58 na praia da Recorta e tamén, nun pequeno estaleiro, o primeiro barco do guía: O Santa Cecilia.

Sentados na praia, tomamos a cea, logo cruzamos a praia para entrar nun bosque os pes dun acantilado que rodeaba a costa. Chegamos a un lugar onde constrúen bateas: Unha batea é una estrutura flotante composta de una estrutura superior de madeira, flotadores de enormes dimensións e cincocentas cordas perpendiculares de doce metros de largo, fundidas na  auga onde crecen os mexillóns. Vense bateas dispersas a todo o longo das rías galegas.

Chegamos a parte máis alta da ría, Portomouro, logo pasamos por Quintáns e logo pola parroquia de San Cristobal de Abanqueiro, ónde visitamos a súa igrexa de principios do século XIII. O seguinte punto e San Martiño, tomamos o camiño do campo de fútbol ata O Saltiño desde aquí tomamos de volta o paseo da praia de regreso que é a mesma de onde partimos. Sen café nin churros...

Desde aquí… cada curuxa o seu olivo.
¡Ata a próxima! Abur…

FOTOS NOCTURNAS

EN ESTA OCASIÓN, CON LA AYUDA DE UN MÓVIL, HICIMOS LAS MÍNIMAS FOTOS TESTIMONIALES

FOTOS SALIDA 171

CRÓNICA PATEADA 171



Muniellos (Asturias) 24, 25, 26 y 27/07/2014.

Día 24: 
No salimos del Almas Perdidas. Los dieciocho integrantes salimos cada uno de su casita, y un alma perdida, con la que no se contaba, se coló con su furgoneta. Llegamos a la casa rural Tixileiro, sobre las ocho. En la localidad de Sisterna. Allí fuimos repartidos en varias casas según características y rarezas propias. Tomamos una frugal cena y a planchar la oreja que mañana hay que madrugar…



Día 25: Muniellos. 
 Nos presentamos como un auténtico escuadrón para pasar revista a la guarda del Centro de Recepción. Lleva veinte años anclada a aquél lugar y se notaba. Nos soltó una agradable y prolongada charla sobre la indumentaria, tiempos y peligrosidad del recorrido. La exhaustiva explicación era como si te dicen que el asesino es el mayordomo. Te chinchan la película. Era tan diligente en su trabajo, que nos sacó una foto de grupo por si alguno se perdía poder identificarlo, y luego nos acompañó al inicio del sendero y nos indicó con el dedo… por ahí, y no perderos. Cuando conseguimos despegarla, al sentir algún ruido, veíamos para atrás, pensando que venía con un palo a echarnos la bronca por pisar fuera del sendero.

Dieciséis congostreñ@s tomamos el sendero largo, dejamos dos retenes que fuesen por el corto para luego encontrarnos en las lagunas y contrastar la retirada. Nos pasamos una hora subiendo, comiendo arándanos y viendo para atrás por miedo a la bronca. El paisaje merecía la pena, las enormes montañas verdes ocultaban la cima con un manto de niebla. El estrecho sendero se abría paso entre árboles, roca excavada y morrena de piedras desprendidas.

Llegamos a la primera referencia: Fuenculebrera. No encontramos la fuente ni la culebra, pero sí un árbol agradecido, tanto que cuatro machotes le dieron un abrazo entre todos. Bueno, fueron seis, pero el cariño no lo requería. A pocos metros, nos tropezamos con otro aún más cariñoso, pero ya estábamos saturados y se quedó sin abrazo. Igual que se quedó sin dos ramas, que estaban partidas a sus pies.

A partir de aquí, nos enfrentamos a una falsa llanura que iba desde los mil cien metros, hasta los mil cuatrocientos de las lagunas. En la primera, en la Laguna de la Isla, nos esperaba el retén de retirada, para reponer fuerzas y alimentarnos, con permiso de los mosquitos. Al terminar de comer, nos dirigimos a la Fonda y seguimos hasta la Grande. Nos quedó la Peña, que por algún motivo desconocido no nos hablaron de ella. Había un letrero que prohibía el paso.

El Monte de las Lagunas también estaba prohibido, por lo que no pudimos ir. Pero era tal la niebla que el  monte  se hacía tenebroso. Incluso alguien pareció ver entre la niebla  formas humanas,  a cuatro hombre y una intrepida mujer  trepando con pies y manos por los montes, por la ruta del jabalí, agarrándose a los matorrales de carqueixa para poder ascender escasos metros, con gran esfuerzo; o brincando de piedra en piedra por la morrena para alcanzar un pico casi escondido que sobresalía entre la  niebla. Y volverlos ver bajar de nuevo, monte abajo, como la Santa Compaña.  En situaciones de cansancio o miedo, la mente puede crear espejismos y darle forma humana a simple masas de agua, pues nada se pudo probar que realmente fueran seres humanos.
El descenso desde las tres cruces, se hizo abriendo camino entre la horda de mosquitos que custodiaban el sendero del río. Realizaban una serie de cabriolas que dejaba a alguna sin palabras, pero con un regustillo amargo. Un tramo de madera, llamado Sendero Preparado, presagiaba la cercanía de la meta. La mayoría del grupo llegó antes de la hora pactada: las siete de la tarde. La considerada vigilante, estuvo muy comprensiva con el retraso del resto achacándolo a la edad de los tardones, que  disponían de enfermera propia debido al lamentable estado físico en que se encontraban.

Unas refrescantes cañitas hasta la hora de la cena y nuevos para otra.





Día 26: Ruta de los Lagos de Sisterna.
  Parecía más fácil. Salimos de las puertas del alojamiento cargados con las mochilas. Lo bueno es que ya no había mosquitos. Vinieron sus hermanas mayores, y cabreadas. La cosa era teóricamente sencilla, se trataba de subir toda la mañana y bajar el resto de la tarde. El paisaje no tenía nada que envidiar al del día anterior.

Durante el ascenso, una congostreña saludó a un pequeño bicho que estaba reptando tranquilo. Lo tomó en una mano y lo acarició con la otra mientras explicaba sus características. Unos sonreían, a otros se les erizaba el vello.

No recuerdo en qué momento del camino, se acoplaron un satélite de moscas que circulaban alrededor de cada caminante, intentando incordiar lo más posible.

A medida que se ascendía, la vegetación iba variando. La hora del plátano nos pilló a los pies de una pequeña catarata que alguno aprovechó para refrescarse integralmente. Durante el descanso los caminantes se acercaban para intercambiar alimentos y opiniones, y también las moscas.



Dialogo de las moscas Pepa y Paca:

-         Pepa: ¡Hola Paca, cuanto tiempo sin verte!

-         Paca: ¡Ya ves!, una compañera me dijo: vamos a incordiar a unos senderistas, ¿Te vienes? Y aquí me tienes.

-         Pepa: ¡Claro hija, con la crisis, cualquiera rechaza un curro!

-         Paca: ¿Quién te tocó a ti?

-         Pepa: Una monjita pitufa que cree esconderse en su mantón azul. Pero es facilona, se cabrea enseguida.

-         Paca: ¡Qué suerte hija! A mí me tocó uno que no para de tocarnos los pinreles con una ramita. ¡Nos pega cada susto!

-         Pepa: Bueno, tengo que irme a la faena, que la mía se mueve, da recuerdos en casa…



Sobre las doce, llegamos a la Laguna de Arriba de Tablado. Los más calurosos se refrescaron el cuerpo y se lo secaron al sol. Los demás simplemente descansaban y contemplaban. Las moscas también.

Una congostreña poco acalorada y previsora pretende adelantar camino y trepa monte arriba, pero la inseguridad le juega una mala pasada y vuelve sobre sus pasos siguiendo los sensibles berridos de un congostreño veterano. Todos subimos por el lugar del primer intento. La pendiente se deja notar, las moscas también.

Una vez superada la primera prueba, y con muy poco oxígeno en los pulmones, se presenta otra cuestecita que alegra las caras. Un congostreño que buscaba una alternativa de ascenso, se vio desbordado por un grupo de seguidores cuyas miradas decían “Si subes te liquido”, así que optó por rodear la montaña buscando la famosa ruta del jabalí.

Ya en la otra parte de la montaña, nos encontramos con los montañeros. En ese punto soleado y con alguna brisa nos tomamos los bocatas escondiéndolo después de cada mordisco para evitar la curiosidad de nuestros satélites. Esta labor nos llevó poco tiempo.

Como el Tom Tom y la intuición no siempre se llevan bien, tomamos tres alternativas de descenso: unos por el camino, otros a través, el resto por el maltrecho camino que marcaba el aparato. Los tres llegamos al mismo punto después de intercambiar berridos de orientación unos a otros.

El premio era una serie de fuentes de agua cristalina dotadas de un canal practicado a un arbolito por el que circulaba un torrente. En un lateral había un cacito metálico colgado para que se sirviese el sediento caminante.

Como la bajada no disponía del entretenimiento que dan las subidas, un congostreño dotado de humor y oportunidad, se esconde entre los helechos para gruñir imitando un jabalí. El efecto fue el esperado.

Sobre las cinco, tuvimos una parada de reagrupamiento que se convirtió en una merendola tirados por el suelo. Eran sobre las seis cuando avistamos las casas de donde salimos.

Unos a la cañita directamente, algunas una sidrina, otros a la ducha y otros a la piscina, pequeña pero refrescante. Después de la cena, la adrenalina ganaba terreno al cansancio, así que la mayoría se acercó a la localidad cercana de Degaña, que estaba de verbena, para mover un poco más el esqueleto y esta vez con ritmo. Algunos sudaron más que en la ruta y dejaron a los parroquianos boquiabiertos.



Día 27: Ruta das Áreas Recreativas.
 De regreso, nos pasamos a contemplar el nacimiento de dos ríos: Eo y Miño. El Eo nace en Fonteo, donde se ha creado una área recreativa.  Entre medias, hicimos una pequeña ruta por las cercanías de un pueblo, pero las pendientes y cuestas cansaban tanto como la de los días anteriores.

Comenzamos por atravesar la Fraga de A Marronda en dirección al Área recreativa de  A Cortevella. Por el camino nos encontramos una pequeña presa de regadío. Alguien dijo que los novios a un euro y las novias a la mitad. Una congostreña arrojó un euro sin pensárselo dos veces. No reveló si pedía un novio o dos novias, porque la presa no daba cambio.

Como el tiempo se nos echaba encima y el cordero encargado se podía pasar, contactamos con nuestro retén de vigía y nos acercaron los coches para acelerar un poco. Mientras tanto contemplamos el área recreativa: Un hórreo de madera y un santo de piedra custodiaban el lugar.

El cordero nos lo zampamos en un hostal de un conocido. Por diez euros comimos para empachar.

Luego nos dirigimos al Pedregal de Irimia, nacimiento del Río Miño, en este lugar,  reconocido actualmente por los libros de texto, nos hicimos una nueva foto de grupo,  y nos emplazamos para la siguiente ruta con besos, abrazos, y muchos buenos deseos ….



Desde aquí… cada mochuelo a su olivo.

¡Hasta la próxima! Abur…


CRÓNICA PATEADA 170

Rio Barragán (Pazos de Borbén) 28/06/2014.

 Salimos apresurados del Almas Perdidas los catorce integrantes. Llegamos a Moscoso poco antes de las diez.
 Dejamos los coches en el recinto de la iglesia y nos dirigimos hacia Eirado-Lombas por un camino asfaltado. A pocos metros ya nos incorporamos al sendero marcado.
 En el inicio del sendero, nos encontramos un potrillo de corta edad, su madre y su tía. Estaban en una finca protegida por un muro de piedra que evitaba su huida. Era tal su estampa que nos quedamos prendados observándolos.
Un congostreño aprovechó el embeleso para ocultarse entre los helechos, esparramándose a todo lo largo del regato que había bajo el muro. Como todos lo descubrimos, dijo: ¡coño, iba a hacer una foto y me colé, no he visto el regato! La excusa de siempre.
 Continuamos por un sendero entre un bosque de robles llamado “Senda da Fraga do Barragán” del PR-G 164 en dirección “A Levada das de Maruxa”. El sendero estaba cuidado, marcado y protegido con vallas. También había puentes de madera. En uno de ellos, llamado “Ponte de Pau”, hicimos la foto de grupo.

 En esta ruta   todo tiene nombre y un rótulo explicativo. Pasadas las once, nos encontramos el caballo guardián de Freaza. Bonito lugar con casas nuevas y rehabilitadas. Seguimos por la ladera izquierda del río Freaza, justo por un sendero empedrado cargado de vegetación verde. Este sendero nos lleva a visitar una serie de molinos con nombre propio: “Muiño de Agosto”, cuyo nombre nos da el periodo de utilización. Desde aquí, un estrecho sendero de madera vallado, nos acerca al lugar donde tomaríamos el plátano.

 La lluvia se nos agotó, por lo que tuvimos que visitar los dos molinos cercanos a palo seco. Estaban separados del merendero por un ancho puente de madera sin nombre. “Muiño do Cubo” estaba totalmente operativo, sin embargo “Muiño do Trigo” estaba descuidado.

 El sendero siguiente estaba surcado de tubos protectores de árboles frutales autóctonos, plantados para decorar el camino cuando crezcan. En mitad del camino, fuimos saludados por dos perros cabreros que cuidaban su rebaño.

 Volvemos a Freaza después de surcar sus montes. Esta vez vamos a visitar una “Levada” (acueducto) representante de los muchos de la zona. De camino pasamos por senderos acolchados con musgo, pasos de piedra, que nos ayudan a cruzar los ríos y algún obstáculo de ramas caídas. ¿Qué ocurrió antes, la caída o que secase la rama? La rama caída estaba en un lugar llamado “Os pasos dos campos” que nos ayudan a cruzar la “Presa do Muiño Vello” luego cruzamos “A ponte de pedra” que curiosamente era un puente de piedra hasta un merendero donde las mesas estaban varios metros separados de los asientos. No invitaban a quedarse a pesar de estar cerca de la hora.

Aún quedaba el bañito antes del papeo. Un sendero desbrozado entre la retama, nos lleva a una pequeña catarata que vertía en un pequeño lago. En él se bañaron los más acalorados. Los más delicados del estómago dieron vuelta para continuar con la marcha más lenta.
 Cambiamos el sendero de Barragán por el “Sendeiro das Greas" unos kilómetros. En un puente de piedra, poco antes de seguir camino, se decide tomar asiento y dar rienda suelta a la gusa. Unos cuantos molinos, presas, pasos y puentes más, y llegamos a la esperada levada.

Pasamos por debajo y continuamos hasta “Casa Raiña” una construcción de piedra bajo tierra con tejado de paja. ¡No tenían cerveza! Pasaban quince minutos de las cuatro, cuando le dimos el parte al caballo controlador de Moscoso.

 Cinco minutos más tarde ya estábamos en lo mejor de las pateadas. Nos tomamos las cañas en el bar social del recinto de la iglesia de Moscoso.

 Desde aquí… cada mochuelo a su olivo. ¡Hasta la próxima! Abur…